
El “sí” de María a la propuesta de Dios, un hecho trascendental para la esperanza y la fe del mundo entero, el reflejo de una madre que a prontitud del llamado responde desde la esencia misma de la humildad «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
El “si” de un pueblo llamado Tarija que, desde su esencia de fe, revive y reafirma cada agosto su profundo compromiso cristiano y de amor a Dios a través de su “mamita de Chaguaya”.
“Nadie viene al Padre sino por mi” dice la palabra (Jn.14,6), los creyentes sabemos que, en analogía, no hubiésemos llegado a Jesús sino a través de ese profundo “si” de una sencilla mujer convertida hoy en nuestra Reina Celestial.
Así nuestra Virgen Madre, sigue siendo la senda de amor y de esperanza que el pueblo sigue para llegar a los brazos amorosos del Dios Padre.
Chaguaya, el pequeño pueblito al sur de Bolivia, hogar de miles y miles de corazones que, en esta temporada, se vuelca en su promesa revitalizando objetivos esenciales de vida y de esencia humana.
La luz de Belén es la luz del mundo, la luz que trajo María es eterna y se refleja también en nuestro suelo, nos llena de gozo paz y felicidad, nos saca sonrisas y lágrimas, sabiéndonos mortales y criaturas pequeñas merecedoras del amor de Dios y su promesa de vida eterna.